29 jul. 2013

La Selva Paranaense (misionera) en peligro

La Selva Paranaense entre los bosques más amenazados del mundo

El ecosistema de la selva misionera, conocida como Bosque Atlántico del Alto Paraná en Sudamérica, ocupa el quinto lugar entre 10 tipos de bosques con mayor biodiversidad y más amenazados del planeta según organizaciones internacionales de conservación. Desde la Fundación Vida Silvestre Argentina (FVSA), Manuel Jaramillo, analiza cuáles son los factores de presión y las alternativas para una efectiva conservación. Expone la necesidad en la Provincia de invertir en este “capital natural” con la adecuada implementación de ley de Bosques, la promoción de los Servicios Ambientales y el liderazgo en la gestión de Fondos Internacionales para conservación.



Por Patricia Escobar

ARGENTINA (27/7/2013).- En Sudamérica, la denominada Selva Misionera, Selva Paranaense o Bosque Atlántico del Alto Paraná -compartida con Paraguay y Brasil, con mayor proporción en Misiones, Argentina- ocupa desde el 2011 un lugar de alto riesgo en el ranking de las organizaciones internacionales de conservación, ya que figura en el quinto lugar entre los diez hotspots forestales más amenazados del mundo, entre Indo-Birmania, Nueva Zelanda, La Sonda, Las Filipinas y Las Montañas del Suroccidente de China, en Asia (Pacífico); la Provincia Florística de California en Estados Unidos; y los Bosques Costeros de África Oriental, Madagascar y las Islas del Océano Indico, Afromontañas Orientales, en África. Así se publicó en el libro sobre Hotspots de Biodiversidad (Distribución y Protección de Áreas Prioritarias de Conservación).

La importancia global de estos ecosistemas radica en que son los 10 tipos de bosques que se consideran hotspots (puntos calientes) por su alto valor ambiental ante la biodiversidad única que poseen para el planeta. Se trata de sitios naturales que perdieron más del 90% de su hábitat original y cada uno alberga -como mínimo- a 1.500 especies de plantas endémicas (que no se encuentran en ningún otro lugar de la Tierra).

Si estos bosques se pierden, tales especies endémicas se extinguirán. De igual manera, estos bosques constituyen potencialmente el sustento vital de cerca de 1.000 millones de personas, que viven con o de estos ecosistemas selvátivos, dependiendo en forma directa o indirecta de lo que estos recursos naturales proporcionan.

ArgentinaForestal.com dialogó con Manuel Jaramillo, coordinador del Programa Selva Paranense de la Fundación Vida Silvestre Argentina (FVSA) en Puerto Iguazú, sobre esta situación y la importancia ambiental del sitio que, en gran porcentaje, se conserva en manos de los misioneros y que, además, ocupa un lugar vital a nivel mundial. “El Bosque Atlántico del Alto Paraná alberga al menos a 20 mil especies de plantas, de las cuales el 40% son endémicas. Más de dos docenas de especies de vertebrados se encuentran en peligro crítico de extinción como también seis especies de aves (que están restringidas a una pequeña porción del bosque en la región nororiental de Brasil)”, detalló y remarcó a su vez que “hay cerca de 100 millones de habitantes de Brasil, Argentina y Paraguay que dependen, en gran medida, de esta parte del bosque que se conserva para el suministro de agua dulce para su consumo y actividades productivas o industriales. No obstante, lo que no se pone en este ranking es su estado de amenaza, ya que sólo se mantiene el 8% -según el análisis global- de su superficie original”, advirtió Jaramillo.

En Misiones, única provincia argentina donde está presente la Selva Paranaense, existían originalmente unos 2,57 millones de hectáreas de estos bosques. Pero recientes estudios desarrollados por la FVSA sobre imágenes del año 2010 indican que la superficie remanente en la actualidad es de aproximadamente 1,49 millones de hectáreas, lo que implica un 58% de la superficie original. “Esta situación hace a la provincia de Misiones la responsable de la conservación de más del 50% de la superficie remanente de estos bosques globalmente amenazados”, expresó Jaramillo. “Afortunadamente, la superficie deforestada anualmente logró disminuirse desde 18.800 hectáreas por año en el período 1989-2004 (datos de Guerrero Borges 2007), a 6.700 ha/año para el período 2004-2010 (Milkovic 2012)”, citó el coordinador de Vida Silvestre.

Diferentes factores aportaron a este escenario. Según Jaramillo, entre ellos se encuentra “la sanción de la Ley de Presupuestos Mínimos para la Protección Ambiental de los Bosques Nativos, la crisis económica internacional o el propio efecto de la menor disponibilidad de tierras aptas para el desmonte y el cultivo pueden haber influido en la disminución de la deforestación en este período”, dijo.


Factores de presión


Las amenazas para la conservación del Bosque Atlántico son muchas y diferentes según los países y el estado de conservación en los mismos. En el caso de Brasil, donde los remanentes de la Selva Misionera están principalmente relacionados a las áreas protegidas o a las zonas no aptas para el cultivo, la principal amenaza se da en la ecorregión de Serra do Mar, próxima a la ciudad de San Pablo, por el avance de la infraestructura y el urbanismo. En Paraguay, a pesar de las leyes que lo restringen, el principal factor de riesgo se presenta ante la habilitación de nuevas áreas para el cultivo agrícola (principalmente plantaciones de soja).

En tanto, en Misiones serían múltiples las actividades productivas que ejercen presión sobre la conversión de los bosques nativos, dijo Jaramillo. “A mayor escala, la ganadería se transforma hoy en un factor importante de presión sobre el bosque nativo. A menor escala, los cultivos anuales -muchas veces realizados sobre tierras fiscales o privadas ocupadas ilegalmente- producen cambios rápidos y drásticos sobre la cobertura forestal nativa. Y, con alrededor de 400 mil hectáreas de plantaciones forestales de especies exóticas, la actividad forestal ocupa en la actualidad aproximadamente el 15% de la superficie total originalmente cubierta por la Selva Paranaense. En muchos casos, estas plantaciones fueron instaladas en áreas previamente desmontadas y utilizadas para otras actividades agrícolas o ganaderas”, puntualizó.



Crear conciencia ambiental


Para lograr avanzar en conservación y proteger los recursos naturales se necesitan fondos económicos, tanto de origen público como privado, pero aún es necesario despertar la conciencia y el compromiso de la clase política tanto provincial, nacional como internacional sobre la necesidad de invertir en este “capital natural”.

Jaramillo reflexionó al respecto en la entrevista que “lamentablemente se suele considerar a la conservación como la antípoda de la producción. Este discurso, frecuente en los ámbitos políticos y empresariales -que a mi juicio muchas veces sólo tiene la intención de confundir a un sector de la sociedad no muy informado en la temática-, carece totalmente de lógica en los tiempos actuales. La conservación es parte fundamental del desarrollo sustentable, si no se conservan los bosques que protegen las cuencas hídricas no habrá agua en las napas disponible para dar de beber al ganado o cultivar el tabaco; por otra parte, si no hay suficientes áreas con bosque nativo no habrá aves en abundancia para mantener controladas muchas plagas que atacan a los cultivos. Tampoco habrá insectos que realicen la polinización de nuestros frutales o de las flores de los jardines de las chacras. En resumen, perderemos muchos de los Servicios Ambientales que día a día usufructuamos sin retribuir de manera alguna”, señaló el especialista.

Asimismo, indicó que “es necesario concienciar a la opinión pública y a través de ella a la clase política sobre la importancia de invertir en la conservación y recuperación de este “capital natural”, dijo.
Para lograr esto, Jaramillo enumeró algunas alternativas que se encuentran en desarrollo o que podrían promoverse:


*Una adecuada implementación a nivel nacional y provincial de la Ley de Presupuestos Mínimos para la Protección Ambiental de los Bosques Nativos (Ley 26.331): “Han pasado 6 años desde su sanción y la misma comienza a implementarse en varias provincias entre las que se destaca Misiones. No obstante, los fondos reservados en los presupuestos nacionales de años anteriores solo comprometen una quinta parte de lo establecido por la ley y la falta de la correcta inversión de los montos disponibles para el fortalecimiento institucional de las autoridades nacionales y provinciales dificultan una ágil y eficiente implementación de los fondos disponibles. Hoy el desafío es agilizar, trasparentar y efectivizar el mecanismo público privado para la correcta implementación y rendición de los fondos asignados y la dotación completa del financiamiento anual previsto por la mencionada Ley de Bosques”.



*Promover Servicios Ambientales: “La FVSA ha identificado a nivel provincial, y particularmente en el Municipio de Andresito, las principales áreas proveedoras de Servicios Ambientales, principalmente: almacenamiento de carbono; captación de agua, control de la sedimentación y calidad de hábitat para la conservación de la fauna. Es el momento de un trabajo integrado entre el sector público y privado (ambientalista, empresarial y productivo) para instalar mecanismo de compensación para la conservación y recuperación de estas áreas productoras de Servicios Ambientales (íntimamente ligadas con las áreas que conservan Selva Paranaense)”.


*Gestión de Fondos Internacionales: “Es necesario un fuerte liderazgo del gobierno Nacional y Provincial, ejercido de manera articulada o complementaria con las Organizaciones de la Sociedad Civil para la gestión de fondos internacionales que colaboren con el enorme desafío y responsabilidad de conservar el 50% de la extensión de uno de los 5 ecosistemas forestales más amenazados del mundo. En esta instancia, Argentina y Misiones deberían liderar las gestiones para la incorporación del mecanismo de Reducción de Emisiones de la Deforestación y Degradación Forestal (REDD+ por sus siglas en ingles – el signo “+” indica que estos proyectos van más allá de la deforestación y la degradación forestal, e incluyen el papel de la conservación, la gestión sostenible de los bosques y el aumento de las reservas forestales de carbono), como medida de lucha contra el cambio climático en los acuerdos Post-Kyoto. Asegurado esto, deberían lograrse la atención especial hacia la Selva Paranaense que ocupa el lamentable quinto puesto entre los 10 tipos de bosques más amenazados del planeta”.


*La promoción del uso sustentable de los productos madereros y no madereros de los Bosques Nativos de Misiones: “A lo largo de la historia la actividad forestal se basó en conceptos como “aprovechamiento” o, peor aún, en la “explotación forestal”. Hoy la provincia cuenta con más de 1 millón de hectáreas de bosques nativos -mayormente degradados- que por la Ley XVI Nº 105 no pueden ser convertidos a otro tipo de uso de la tierra. A través de una política de Estado (Nacional y Provincial), es posible iniciar un proceso de recuperación de la capacidad de estos bosques de producir bienes y servicios tales como: madera, leña, palmitos, miel, atractivos turísticos, plantas ornamentales, entre otras muchas alternativas. Para ello es necesario frenar y sancionar el uso ilegal de los recursos forestales que inunda el mercado con ofertas de productos ilegales a bajo precio y que dificulta la viabilidad comercial de producciones sustentables y respetuosas de la normativa vigente. También es necesario que las universidades y los centros de investigación concentren sus esfuerzos en la identificación de las mejores prácticas disponibles para la realización de estas actividades y que la sociedad conozca la importancia del consumo responsable de los bienes y servicios de los Bosques Nativos, en particular de la amenazada Selva Misionera”

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